Otoño al aire libre: 12 terrazas, patios y jardines calefaccionados para comer “afuera” sin preocuparse por el frío

Acondicionado para los días más frescos, el patio de flora nativa diseñado para atraer mariposas, por el paisajista Fabio Márquez, es una gran opción para estos días otoñales. A partir de esta estación, el restaurante Grapín suma a su identidad (platos vegetarianos y sin Tacc) nuevas propuestas con productos de mar: como el Gravlax de truchón ($19.000) con cracker Graham, crema ácida, eneldo y rayadura de lima. Entre los principales, ya que las pastas son las más elegidas en Grapin, entre otros platos, la carta propone tallarines en manteca de ajo asado y lima, con pesca del Mar Argentino, y gremolata de limones encurtidos ($30.000).

En una esquina tranquila de Belgrano R, Beza funciona dentro de una casona inglesa de 1930. El corazón del lugar es un patio con vegetación autóctona, mesitas de hierro, sillones bajos, hongos que climatizan el ambiente y una gran parrilla donde se cocinan las especialidades del menú. “El patio es parte de la magia de Beza. Estar al aire libre rodeado de plantas y luces cálidas cambia por completo la experiencia, se siente como estar en el jardín de una casa”, dice Belén Zanchetti, cocinera y sommelier que lleva adelante el proyecto junto a su familia.

Durante la semana el plan suele ser una copa al atardecer o una cena tranquila y los fines de semana también se suman almuerzos al sol, siempre. La propuesta gira en torno a platos a las brasas -vegetales, pesca y carnes- para maridar con vinos naturales de pequeños productores seleccionados por la anfitriona. Al llegar, los comensales son agasajados con una sopa caliente de cortesía y luego se recomiendan íconos de la casa como el paté casero con focaccia y chutney de estación, la coliflor asada con ajoblanco y gremolata, la trucha a las brasas y el asado banderita con papas fritas o ensalada de temporada. ¿Dónde? En Av. Olazábal 3301, Belgrano R.

Terrazas otoñales: Mule y sus aterrazadas patios

Sobre la costanera de Chascomús, Café Mulé cuenta con una amplia terraza al aire libre que se despliega en distintos sectores junto a la laguna. El espacio combina mesas tradicionales, áreas con sillones bajos tipo living y sectores más relajados, pensados para pasar varias horas, siempre con vista directa al agua y al entorno verde. Además, suma una terraza en la entrada principal, ideal para acceder a toda la propuesta gastronómica del lugar, que recorre desde desayunos y meriendas (desde $8.300 hasta $15.500) hasta brunch, almuerzos, picadas como la tabla Mulé ($27.900) y cenas. Entre las opciones se encuentran: pejerrey a la romana, pamplona de pollo, milanesa de bife de chorizo con pastas, risottos y panadería, pastelería artesanal y alternativas sin TACC. De lunes a viernes al mediodía —de 12 a 16 h—, el menú del día tiene un valor de $18.000 e incluye plato principal y agua con o sin gas. La promo cena —bebida, plato principal y postre— tiene un valor de $25.900, de 20 a 00 h todos los días. Dirección: Av. Costanera Nº 4, Chascomús.

Escondido en Palermo, Chuí es un oasis urbano rodeado de vegetación, un enorme espacio verde con árboles nativos y plantas tropicales que delimitan distintos sectores acondicionados para el clima frío: algunos con mesas comunitarias donde se suelen reunir grupos jóvenes y otros rincones más apartados, ideales para citas o encuentros íntimos. Quienes elijan estar al aire libre también reciben mantas abrigadas. Al fondo, un salón techado pero abierto se conecta con el patio y mantiene la sensación de aire libre. Un gran horno de barro marca el carácter del menú con platos como la focaccia artesanal de masa madre a la leña, el paté casero de hongos, la famosa palta quemada con kimchi y leche de tigre, y la milanesa de gírgolas acompañada de un cremoso puré de papas con manteca tostada. La cocina está a cargo de Victoria Di Genaro, chef ejecutiva. Dirección: En Loyola 1250, Villa Crespo.

Terrazas otoñales: Cantina Recoleta

La terraza de Cantina Recoleta, ubicada en el primer piso del restaurante, es uno de los grandes atractivos del lugar: se trata de un espacio semitechado, con vista a la Avenida Santa Fe, que permite aprovechar el aire libre durante todo el año. El área combina mesas de madera y banquetas, generando un ambiente para encuentros distendidos, after office o cenas relajadas. La iluminación cálida y la presencia de plantas refuerzan un clima acogedor. En este espacio se puede degustar una amplia variedad de opciones de su carta, como la pizza clásica porteña con doble mozzarella ($21.000), los buñuelos de acelga con alioli ahumado ($9800), el pastel de papas con osobuco braseado ($22.400) o platos para compartir como el pollo a la brasa ($32.200) y la milanesa de ternera con papas rústicas, puré de papas o ensalada Caesar ($18.400). Para acompañar, destacan el vermouth con Triolet de cortesía, el Aperol Spritz, vinos por copa —incluida la etiqueta propia Cantina Malbec by Famiglia Banno—, cervezas y cócteles clásicos, haciendo de la terraza un espacio ideal para disfrutar a cualquier hora del día. Dirección: Av. Santa Fe 1430, Recoleta.

Terrazas otoñales en Pasillito

Un PH reciclado de Palermo alberga a Pasillito, un bar de vinos y tapas españolas. El recorrido comienza por un pasillo angosto que desemboca en distintos ambientes, entre ellos la terraza ubicada en el nivel superior. Se organiza en un sector cubierto y otro al aire libre, con mesas rodeadas de plantas que crean un clima relajado y propicio para encuentros largos, copas compartidas y tapeos. Allí, la sugerencia es abrir el juego con la focaccia de masa madre y manteca de temporada ($5500) o los buñuelos (x3) de arroz, calabaza, miel y lactonesa ($13000), seguir con unos calamares fritos con salsa tártara y lima ($23 000) o la bocata de tortilla en baguette de masa madre, tortilla de mostrador, morrones asados y pimentón de La Vera ($22.000), y acompañar con una copa de vino seleccionada ($9.000), un vermut de la casa ($10.000) o un Negroni Pasillito con togarashi y lima ($14.000). Dirección: Gorriti 4391, Palermo.

Cocina estacional entre plantas nativas en una gran mesa comunal

Terrazas otoñales: la barra circular del patio de Hortasol bianchi

“El patio de Horta nació con la idea de traer el verde al centro de la experiencia y generar una relación más consciente con los tiempos de la naturaleza”, dice Clara Chavarría, socia de Horta junto a su pareja y chef, Lucas Díaz. El menú de este restaurante recomendado por la Guía Michelin gira en torno a productos de temporada que se lucen en platos 100 % artesanales, ricos y reconfortantes. Al fondo del local, el sector externo combina vegetación nativa, una pequeña huerta y una innovadora mesa comunal en forma de círculo, con una gran planta en el centro que otorga intimidad, incluso compartiendo el espacio. Allí se ofrecen mantas para abrigarse en días frescos, al igual que una sopa de cortesía como un gesto cálido de bienvenida.

“Por la noche el patio se vuelve íntimo y acogedor, mientras que los domingos al mediodía, la luz y el verde lo transforman, siendo ideal para un almuerzo descontracturado al aire libre”, expresan. Entre plantas y enredaderas se invita a probar sabores: dados de tapioca y provolone con tartar de trucha, los tortellini con mousse de parmesano, manteca de salvia y nueces, y las carrilleras braseadas con puré de papa ahumada y salsa demi-glace. Mientras tanto, desde esa ubicación es posible observar el minucioso trabajo del equipo a través de un gran ventanal que refleja por completo el sector de la cocina. Dirección: En Aguirre 1080, Villa Crespo.

Terrazas otoñales: la Terraza de la Carbonera

Entre los espacios gastronómicos de San Telmo, La Terraza de La Carbonera se distingue por estar ubicada en el último piso de un edificio centenario, con una estructura completamente vidriada —techo y paredes— que permite el ingreso de luz natural y ofrece vistas abiertas del barrio. El lugar combina un salón con mobiliario de madera y hierro forjado, una barra visible y un sector al aire libre con minibarras y taburetes. La propuesta gastronómica acompaña esta experiencia con platos de su nueva carta como el vitel toné de picaña asada a la leña con papas chip ($26.000), el cremoso de hongos ahumados con tomates asados y focaccia ($22.000), la pesca del día con puré de zapallo anco ($30.000), las empanadas de carne cortada a cuchillo con salsa yasgua ($13.000) y las versiones ahumadas de humita y queso brie ($12.000), en presentación de dos unidades, junto con opciones de parrilla como el ojo de bife ($30.000) o la bondiola de cerdo ($24.000), además de cócteles con vermut, vinos y bebidas de barra que se integran a la dinámica del espacio. Dirección: Carlos Calvo 299, esquina Balcarce, San Telmo.

Terrazas otoñales: la vista a la plaza Armenia desde Rioba

En Rioba, un bodegón porteño ubicado en Palermo que abrió sus puertas a principios de enero de 2026 y recupera la lógica de platos abundantes, y servicio clásico con una terraza que se integra como un espacio techado con vista a Plaza Armenia: seis mesas dispuestas para parejas o grupos, el sector mantiene la estética del lugar —manteles blancos con sobre manteles a cuadros rojos, mobiliario de líneas simples y barandas de hierro de impronta clásica— y se apoya en la luz natural para generar un ambiente luminoso y acogedor. En este contexto, la propuesta gastronómica apunta a compartir, con opciones de la carta como la milanesa de la casa ($60.000) o la milanesa napolitana, ambas en formato para varias personas, la carne al horno en cocción lenta ($60.000) y pastas caseras como ñoquis ($22.000), cintas ($22.000) y sorrentinos ($25.000), combinables con distintas salsas. En bebidas, destacan las opciones tiradas —vermut, sidra o tinto de verano—, junto a vinos servidos en pingüinos y etiquetas de bodegas reconocidas. Dirección: Costa Rica 4588, Palermo

Terrazas otoñales: el patio de Malvón

El patio de Malvón en Villa Crespo encanta por su estética colonial que exhibe pisos de ladrillos, paredes cubiertas de enredaderas, juegos de jardín al estilo francés y una pérgola antigua bajo la cual se ubica una gran mesa de mosaicos. En este entorno que recuerda a las casas de las abuelas, el plan comienza por la mañana y termina por la noche con un menú que también hace sentir como en familia: pastelería artesanal, laminados 100 % de manteca, panes horneados a diario (de masa madre y harinas orgánicas) y comidas caseras que se disfrutan sin horarios.

Aquí fueron pioneros en brunch al estilo neoyorquino, mostrando al público local productos tradicionales como huevos benedictinos, bagels de salmón, english muffin y hot pastrami. Pero la propuesta suma un menú ejecutivo muy aprovechado por trabajadores de la zona y una nueva propuesta nocturna -viernes y sábados- a cargo del chef Fernando Golabek. Dirección: En Serrano 789, Villa Crespo.




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